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QUÉ

Espacio para la conversación llamado «Café filosófico»

QUIÉN

Marina Rodríguez

CUÁNDO

El último sábado de cada mes.

DÓNDE

La Gota de Leche

El café filosófico

por Gabriel Moreno

Imagen creada por IA

Entrevistamos a Marina Rodríguez, presentadora de los Cafés Filosóficos en La Gota de Leche.
Los Cafés Filosóficos se inscriben en un tipo de actividad que podemos denominar como práctica filosófica. Esto significa que, lejos de tratar sobre teorías filosóficas o sobre filósofos, vamos a “hacer filosofía”, es decir, poner en funcionamiento habilidades de pensamiento con las que tod@s contamos por el hecho de ser seres racionales, pero que no siempre aplicamos con rigor, con corrección.

Poner en funcionamiento el pensamiento requiere utilizar la palabra argumentada con propiedad y consistencia: igual que practicamos el ejercicio físico para tener una buena salud corporal, también podemos practicar el arte de pensar para tener una buena salud mental.

Los Cafés Filosóficos nos ofrecen “un espacio y un tiempo” en los que poner la atención en:
¿Qué pensamos? ¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Cómo expresamos lo que pensamos? ¿Qué piensan los demás? ¿Cómo interpretamos lo que piensan los demás?…

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¿Cómo surgió la idea? 

 

Desde muy temprano, en mi dedicación como profesora de filosofía en la educación secundaria, he tenido preferencia por el ámbito práctico de la filosofía: la filosofía, a pesar de la imagen que tenemos de algo muy abstracto reservado a unos pocos, es una capacidad muy útil para afrontar la vida en mejores condiciones de comprensión del mundo en el que vivimos; la filosofía nos ayuda a conocernos mejor a nosotr@s mism@s, a los demás y a nuestra sociedad.

Cuando conocí, como asistente, los Cafés Filosóficos, quise ponerlos en práctica, y lo hice en el aula con mi alumnado y ya, una vez retirada de mi labor docente, quise también llevarlo a la calle, abrir este espacio a quienes quisieran dedicar un tiempo a pensar por sí mismos.

Y aquí estoy: realizo esta actividad con jóvenes en La Gota de Leche, con público en general en el Punto de lectura de La Rosaleda, en ambos casos una vez al mes. También tengo colegas profesores que me invitan a sus institutos para hacer sesiones puntuales con sus alumnos. Tengo también una actividad trimestral con niñ@s en la Biblioteca Rafael Azcona denominada Filosofía para niñ@s, muy interesante y satisfactoria para mí.

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¿Qué cosas podemos hacer? 

 

Lo que de hecho hacemos, o intentamos hacer, en los Cafés Filosóficos es sumergirnos en un diálogo en común: no se trata de la pugna entre argumentos, como en un debate; tampoco de mostrar erudición con nuestros conocimientos filosóficos, ni de divagar como en una conversación informal con amig@s o familiares…

 

En un diálogo en común se trata de abordar las cuestiones que se plantean desde la suma de puntos de vista distintos, desde la indagación de los problemas que nos plantean esas cuestiones, no hay enfrentamiento de posturas, en todo caso confrontación… Ese diálogo se va construyendo y está siempre abierto a distintos derroteros.

 

¿Con qué conversaciones nos vamos a encontrar?

 

Como acabo de decir, entramos en un diálogo en común, y cualquier tema es filosofable: podemos filosofar sobre una infinidad de cuestiones de interés humano, y estas no se cierran nunca, están siempre abiertas a nuevas revisiones. Esto es lo que nos encontramos a lo largo de la historia de la filosofía.

 

En estas prácticas filosóficas nos ponemos el traje de filósof@s y, sea cual sea el tema a tratar, formulamos preguntas, planteamos dudas, desvelamos contradicciones, reflexionamos, analizamos, hipotetizamos, conceptualizamos, advertimos presupuestos o prejuicios, sometemos a crítica… Es decir, el tema, que nunca vamos a poder agotar o concluir, nos sirve de disparadero para poner en funcionamiento el pensamiento, que es el verdadero protagonista de la actividad

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¿Cuál es el objetivo del proyecto? 

 

La dinámica de la práctica filosófica tiene un objetivo doble: clarificar nuestro propio pensamiento y comprender el pensamiento de l@s demás.

 

Clarificar el pensamiento propio pasa por poner en palabras lo que pensamos. La palabra es el material, el recurso básico con el que nos comunicamos, y a su vez implica capacidad de fundamentación, de argumentación. Y esto no es fácil: muy a menudo somos imprecisos, contradictorios, hablamos mucho y decimos poco.

 

Comprender el pensamiento de los demás requiere algo muy importante: escuchar. Y esto tampoco es fácil, porque escuchar no es solo oír las palabras que se nos dicen, sino entenderlas, hacernos cargo de ellas, lo cual no significa estar de acuerdo con ellas; porque para estar de acuerdo o en desacuerdo tenemos que entender lo que las palabras dicen.

 

En nuestras prácticas filosóficas esto está siempre en la base: intentar expresarnos con claridad e intentar escuchar con atención. El diálogo filosófico del que he hablado anteriormente se cocina con estos dos ingredientes.

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